De La Tragedia Al Éxito: La Lección De Fuerza, Técnica Y Respeto En El Atrio De Cuetzalan
Por: Felipe Oropeza
Cuetzalan del Progreso, Puebla — 8 de septiembre de 2026. En la cobertura periodística de las tradiciones de nuestra Sierra Nororiental, hay días en los que la nota no la da únicamente la devoción o el festejo, sino la física pura, la pericia técnica y el temple de los hombres de marro y volante. En el marco de los preparativos para las Fiestas Patrias y la Feria Patronal 2026, la Plaza Central de este Pueblo Mágico fue escenario de un drama en dos actos donde la naturaleza, la maquinaria y la capacidad humana se midieron mano a mano.
Acto I: Cuando la gravedad le ganó al búfalo de acero (7 de septiembre)
Todo comenzó la mañana del 7 de septiembre. A solo ocho días del grito festivo, la plaza lucía abarrotada. En el suelo, un imponente tronco de pino serrano de 24.5 metros de altura y casi 8 toneladas de peso esperaba ser erguido frente a la parroquia de San Francisco de Asís. Este no es cualquier madero: es la estructura sagrada destinada a dar vida al vuelo ancestral de los míticos Voladores de Cuetzalan, manifestación cultural única y reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Frente a las escalinatas, una grúa de 22 toneladas esperaba la orden de maniobra. Pasadas las doce del día, bajo la frescura de un día nublado característico de nuestra zona montañosa, se dio la luz verde. El vehículo inició su ascenso al atrio sobre una rampa de arena improvisada pero, como artista que tropieza al subir al escenario, la unidad quedó atorada a medio camino. Entre las risas y murmullos de los mirones de ocasión, una retroexcavadora de auxilio resolvió el embotellamiento con un jalón certero y una dosis de astucia popular.
Ya asentada en el atrio, la grúa extendió su brazo telescópico y afianzó el gigante de madera de 24.5 metros. Con el respaldo de los trabajadores cuetzaltecos —hombres con años de oficio en el arte de erguir el madero ceremonial—, la máquina comenzó el izaje. Sin embargo, la expectativa de fortaleza mecánica duró poco: un crujido seco resonó en el atrio cuando el brazo de la grúa cedió ante el peso acumulado.
A la voz de alerta, del equipo de apoyo corrieron a ponerse a salvo mientras el gran mástil descendía de vuelta a su posición de reposo. El resultado: una escena casi poética, con el "búfalo de acero" inclinado en una reverencia involuntaria ante una fuerza natural que exigía mayor respeto. Salvo por los fierros retorcidos, afortunadamente no hubo saldo que lamentar.
Acto II: La mamá de los pollitos al rescate (8 de septiembre)
Mientras una ola de opinólogos en redes sociales y comentaristas de ocasión se apresuraban a emitir burlas y críticas apresuradas sobre la maniobra, la postura de este servidor es analizar las cosas desde el aprendizaje operativo y la lección técnica.
La respuesta no se hizo esperar. Para la jornada del 8 de septiembre hizo su entrada triunfal la "mamá de los pollitos": una colosal grúa de 75 toneladas, un armatoste de acero que llegó al lugar sin ganas de contemplaciones. Su misión era quirúrgica y concreta: liberar a la lesionada unidad de 22 toneladas, despejar el espacio y erguir finalmente el madero de los voladores.
En una bitácora impecable ejecutada en tres pasos contundentes:
Desmontaje y liberación: Se retiró con seguridad el brazo dañado de la unidad averiada.
Reubicación y erguimiento:
Se despejó la escena e inició el izaje definitivo del monumental tronco de 24.5 metros.
Puesta a punto: Se concluyó el anclaje y se restableció el orden en el atrio parroquial.
En un tiempo récord no mayor a cinco horas, los operadores hicieron gala de una capacitación técnica impecable. Sin mayor preámbulo ni complicación, el objetivo quedó cumplido: los Voladores de Cuetzalan ya tienen su tronco ceremonial de 24.5 metros perfectamente erguido, firme y listo para la danza.
Cierre de bitácora
Más allá del morbo inicial y las anécdotas del camino, lo verdaderamente destacable es la coordinación de los trabajadores locales y la capacidad de respuesta para resolver imprevistos de gran escala sin poner en riesgo una sola vida humana.
Con el orgullo intacto, la estructura lista y el madero ceremonial dominando el horizonte de la sierra, da inicio formalmente el periodo festivo en el corazón de Cuetzalan. ¡Felices Fiestas Patrias 2026!

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