Ricardo Montaner Un Gran Exito En PUEBLA





Tras tres años de espera, Ricardo Montaner consagra su regreso triunfal ante una Puebla entregada



Por: Adriana Romero



Existen artistas que suben al escenario para cumplir un contrato, y existen leyendas que suben para entregar la vida. Tras tres años de ausencia de los escenarios —un letargo que para sus fieles seguidores resultó eterno—, Ricardo Montaner retornó finalmente al cobijo de los reflectores. En una Puebla que se rindió sin condiciones ante el romanticismo, el cantautor dejó claro que su público es el motor vital de este reencuentro.



“Quiero dar mi último respiro en el escenario”, confesó conmovido ante un auditorio que comprendió, entre suspiros, que estaba presenciando una entrega absoluta y definitiva.




La atmósfera comenzó a vibrar con una obertura magistral, ejecutada bajo la batuta de quince músicos de excelencia. Tras la bienvenida oficial, Montaner descorchó la caja de los recuerdos con una tríada de clásicos que sacudieron los cimientos de la nostalgia: “Yo que te amé”, “Será” y “¿A dónde va el amor?”. Desde ese primer acorde, el viaje hacia la introspección fue un sendero sin retorno.



La velada se transformó en una estela de afecto recíproco; un diálogo íntimo donde el ídolo se volcaba en cada verso y el público respondía con una devoción casi religiosa. No hubo una sola melodía que no fuera coreada por esa multitud que ha hecho de la lírica de Montaner la banda sonora de sus propias historias.



En el escuador del show y al alcanzar el cenit de la noche, el romanticismo pausado cedió su lugar a una efervescencia caribeña. La energía se desbordó en un bloque rítmico que encendió los ánimos con “No me entregues tu amor”, “Corazón fracturado” y “Necesito de ti”. La emblemática “La chica del ascensor” y el cierre festivo con “Conga” terminaron por arrancar a los poblanos de sus asientos, convirtiendo el recinto en una explosión de adrenalina y movimiento.



El clímax sensorial llegó con “Bésame”, pieza que estremeció cada rincón mientras el público encendía las luces de sus dispositivos, dibujando un manto de estrellas artificiales que bañó de magia la velada.



La gran sorpresa, fue el impacto de “Para que seas feliz”. A pesar de ser una joya recién estrenada en este 2026, la recepción fue apoteósica; el público reclamó los estribillos como propios, demostrando que el vínculo de Montaner con su audiencia trasciende el tiempo y las brechas generacionales.




Hacia el ocaso del recital, la espiritualidad se apoderó del escenario con “La gloria de Dios”. Montaner hizo una pausa necesaria para compartir una honda reflexión sobre la gratitud y la urgencia de no dejar pendientes en la vida, instando a su audiencia a habitar el presente con plenitud.


El broche de oro y el éxtasis final llegaron con las notas de “Tan enamorados”, el himno con el que selló el show, dejando a una Puebla conmovida y agradecida por ser el escenario de este reencuentro histórico.


La noche de 12 de Mayo, quedará registrada en la retina de los poblanos. 

El concierto de anoche no fue una simple fecha en el calendario; fue la reafirmación de un gigante que demostró que su voz y su mensaje poseen una vigencia inmarcesible. Si Montaner anhela dar su último suspiro bajo las luces, Puebla ha levantado la mano para ser el testigo eterno de su inagotable y luminosa entrega.


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